El autor trata de la manera en que podemos abordar la vida desde la atalaya de una consciencia más evolucionada, conocida como estado de presencia. A medida que avanzamos en ese camino de la consciencia, se nos va revelando una perspectiva transformada de la realidad. Y es en el contexto de esas vivencias (que podríamos llamar espirituales) donde surgieron los poemas de Para cuando sufras.Versos, mindfulness y sabiduría, que expresan la conmoción del alma ante la percepción no-dual de la realidad.
Estos poemas son pausas en el largo recorrido de la conciencia explorándose a sí misma. Y, a medida que avanza, (comprendiéndose) vislumbra que ella no es, en realidad, aquello que mira o examina, como ingenuamente había creído al principio del camino, sino que es el propio observador, la conciencia pura que contempla. El autor tiende la mano al viajero, a fin de que lo acompañe en este viaje de descubrimiento y le muestre sus sentimientos (a veces de dolor, otras gozosos) y cómo esos sentimientos van siendo iluminados y transmutados por la luz de la conciencia que los redime de la angustia y les otorga un sentido universal.
Puede decirse que este viaje es una travesía que, zarpando del muelle juvenil de la individualidad, arriba al maduro puerto de lo universal. El lector queda invitado a hacer este periplo que es íntimo y público a la vez.